sábado, 29 de octubre de 2016

7º Trail Turdetania. La Crónica

Crónica de una carrera que resultó pasada por agua, por barro, y muy extraña. Con sensaciones muy contradictorias. Afortunadamente las buenas sensaciones llegaron más al final. Y es que cuando todo parece más perdido, siempre hay un resquicio de ánimo al que aferrarse y hacerlo poco a poco más y más grande, hasta que lo controle todo.

No llevaba yo buenas sensaciones, principalmente desde el entrenamiento largo de dos semanas antes, que fue un auténtico desastre y me encontré fatal. Dicen que el cuerpo emite señales y sensaciones, a las que hay que hacerle caso. Las sensaciones que sin duda emitió ese día fueron que me olvidara en estos momentos de una prueba dura de 55 kilómetros, que no estaba preparado para ella. Aunque la semana siguiente, en la Carrera Popular de Tomares, aún siendo sólo 10 kilómetros, me encontré bastante mejor de lo esperado. Cual era la conclusión de esas sensaciones contradictorias? Ni yo mismo lo sabía.

El fin de semana se presentó con una amenaza adicional que ya se barruntaba desde antes. Después de muchos días sin llover, este fin de semana nos iba a afectar una potente borrasca. Para el domingo había previsto lluvia, no una cantidad desorbitada, pero lo peor es que para el sábado sí que iba a caer una gran cantidad de agua. Y eso es lo peor que nos podíamos encontrar, los caminos muy embarrados. La lluvia al fin y al cabo, aunque caiga todo el tiempo, no es una molestia muy grande. Por supuesto mucho mejor que un día de calor. Pero el barro unido a la lluvia es algo que no me gusta nada de nada. Ya tuve la experiencia el año pasado en el Homenaje a la Legión, que estaba hecho un auténtico barrizal. Acabé desesperado y llegando a meta, pero fuera de control. Creo que juré que jamás volvería a correr una carrera con barro.
Por todo eso el sábado pasé por un mal día, incluso la noche de la carrera me costó trabajo dormir. Por mi cabeza se me pasaba que mejor me quedaba en casa y esperaba que otro año las circunstancias fueran mejores, Además las malas sensaciones de ese ultimo entrenamiento pesaban mucho, puede que no estuviera nada preparado para la dureza de la carrera sumada a la dureza de la meteorología. Pero por otro lado, quería probar, no me gustaría quedarme en casa y que luego el día no saliese tan malo, lo lamentaría un montón.

Cuando sonó el despertador, veo las previsiones, y se veía claro que al principio de la mañana llovería bastante, pero luego parecía que habría unas cuantas horas de tregua (luego no fue así). Por lo que me levanté de la cama, completé los últimos preparativos y cogí el coche para Guillena.
El plan original era llevar menos equipaje que otras veces. La riñonera pequeña con un sólo bote, aprovechando que los avituallamientos habían aumentado en este año al doble. Ropa fresca y sin bastones.
Pero la lluvia cambió bastante todo esto. Finalmente me llevé la riñonera grande, aunque con un solo bote de agua. Dentro de la riñonera todo bien guardado en bolsas autocierre de congelar del mercadona, que son estupendas para resguardar las cosas de la lluvia. Incluido el móvil, la batería auxiliar para no quedarme sin batería. Y ya, aprovechando que llevaba la riñonera grande, metí la camara SJCAM.
La ropa fresca cambió por completo a: Mallas largas para poder revolcarme por el barro sin problemas, camiseta de manga larga, que es como me gusta ir cuando hay que mojarse de arriba a abajo (no me gusta la sensacion de frio en los brazos mojados con la manga corta), chubasquero, por si no lloviera demasiado poder mantenerme seco, imprescindible la gorra, para poder tener buena visión a pesar de la lluvia. Y por ultimo lo más imprescindible de todo, a pesar de tener que llevarlo todo el camino a cuestas, los bastones. Para evitar en lo posible las caídas y moverme con más facilidad en el barro.

Llego al Polideportivo de Guillena sobre las 7:10 y hay dificultades para aparcar. Además está cayendo una considerable manta de agua. Finalmente puedo coger todos los bártulos, no se me olvida nada y entro en el Pabellón, pero la primera gran mojada ya la tenemos en el cuerpo.


Por allí todo está muy bien organizado para entrega de últimos dorsales (afortunadamente ya lo tenía), guardarropa para entrega de mochila con ropa seca para la llegada (parece ser que el año pasado decidieron a ultima hora poder dejar una mochila con ropa seca para el punto de corte en La Cantina, la llevaba preparada por si acaso, pero finalmente no existió esa posibilidad); y por último la zona de control de salida.
El tiempo que quedaba, justo para pasar por el cuarto de baño y saludar a muchos amigos. Entre ellos y perdón si se olvida alguno, Luis Manzanedo, Manolo Perez y Plácido, los Jartibles Sevi Sevilla y Juan Carlos, Javier Márquez, y principalmente Javier Gil, Chari Casín, y Nando, que presumiblemente podrían ser los compañeros de viaje.


Algunos cambios en la salida, el cruce inicial del Rio Ribera de Huelva estaba impracticable, así que los 700 primeros metros serían por carretera. Y como última noticia, para evitar el fuerte aguacero que caía en esos momentos se retrasaba 15 minutos la salida.
Fuimos pasando poco a poco el control dentro del pabellón y nos pasamos afuera, donde seguía lloviendo. Fue muy bonito el instante de salida, aunque sin discursitos de tipo arengatorio ni de tipo técnico, pero si con unos cuantos fuegos artificiales. Primera vez que veo algo así.


Se da la salida cuando aún no es del todo de día, pero la claridad que hay es suficiente para ver por donde se va. Todo trote continuo, salimos del pueblo, cruce por el puente por la carretera y poco después ya tomamos un camino de tierra que nos lleva al recorrido habitual. Camino ya lleno de charcos y algo de barro, aunque nada comparado a lo que nos encontraríamos después.
Este tramo hasta llegar al polígono industrial y la entrada al camino de Santiago (tres primeros kilómetros) lo hago siempre trotando. Aun así me pasa mucha gente, el grupito de Javier Gil va un poco por detrás, y supongo que por el hecho de no dejar de trotar, me confío de que detrás va bastante gente, siempre hay muchos que andan desde el principio, y esto me tendrá confundido hasta bastante más adelante al llegar a Castilblanco.

Nada más entrar en este tramo, ya se ve que el camino está impracticable, es un autentico barrizal. Resbala, al pisar en las partes de mayor barro, la zapatilla se queda incrustada en él, por lo que ya cada uno tira por donde puede, y la mayoría intentamos evitar lo posible y por cualquier parte. Unos van por el arado de la derecha, otros de la izquierda,,, La parte de arado está menos resbaladiza, pero los pies se hunden casi igual, y además las suelas se van llenando de barro, formando unas placas en las zapatillas que hacen que pesen una babaridad. Vamos, imposible correr y casi que andar. Por aquí más pendiente del suelo que de otra cosa, el grupo de Javier me adelantó en algún determinado instante. Además paré un momento a orinar, por lo que el grupo más numeroso se fue por delante. Por detrás se veían sólo dos o tres, aunque yo estaba casi seguro que habría más.

Kilómetro 6 y llegamos al primer avituallamiento, donde saludo al amigo Jose Antonio Bellido, recarga de agua en lo poco que le faltaba al bote y seguimos el camino. De repente parecía que se acababa el barro, porque vinieron unos kilómetros de tranquilidad donde pude trotar bastante y acercarme a los corredores que llevaba por delante. Se trata de una dehesa muy bonita, aunque esté llena de mierdas de vaca. Pero a pesar de la suave lluvia se podía trotar muy bien, porque fueron unos kilómetros de descanso en la larga subida a Castilblanco.

Pasé a varios corredores, y fijándome siempre en quienes iban delante a ver si era el grupo de Javier. Finalmente les vi a lo lejos, cuando empezaban a volver a subir por una parte pedregosa, y pocos momentos después les dí alcance.
Comenzamos el ascenso por la parte más complicada de éste tramo, el que le llaman la trialera. Al principio poco barro y más resbaladizo el terreno. Por momentos perdía el contacto con ellos porque estaban subiendo fuerte, pero volvía a trotar un poco y les cogía de nuevo.

Por aquí el camino era bastante bonito, fue una lástima no poder sacar la cámara, porque se me había bloqueado y con la lluvia no tenía ningún lugar para parar a sacar la batería y volverla a meter.
Pero además de bonito se hacía cada vez más duro. El barro volvía a aparecer cada vez más, ya era más complicado aún mantenerse en pie sin caer. Intuía que estaba ya cerca la zona del avituallamiento de los Búcaros, donde ya el camino se hace más amplio y tenía que desaparecer el barro, pero no llegaba nunca y nunca. Ya había vuelto a perder el contacto con los amigos y quizás por confiar demasiado en que más tarde volvería a cogerlos, ya no lo pude hacer más.

Quizás cuando llegué al fin del camino, donde deberían haber estado los Búcaros, fue cuando más desesperado me sentí, ya que el barro había desaparecido, pero no había ni rastro del grupo que tenía por delante, ni rastro de nadie por detrás, hasta ni rastro de los búcaros. Continué el kilómetro que quedaba de subida hasta la carretera con la esperanza que allí estuviese el avituallamiento y así fue.
Allí pude volver a rellenar el bote de agua, y beber algún vasito de isotónico, y no perdí mucho más tiempo para salir hacia el camino de la carretera que es la continuación del de Santiago, para llegar en algo más de 3 kilómetros a Castilblanco de los Arroyos.

Por éste camino ya me empezaban a doler las piernas, pero intentaba mantener de vez en cuando un poco de trote. Por el camino paralelo a la carretera se alternaban tramos de más barro y otros de menos. Y al cabo de un par de kilómetros, ya muy cerca del pueblo, pude ver al grupo de Javier de nuevo y me iba acercando bastante a él.

Llegando a Castilblanco. km 17. Foto: Antonio García Montilla
Allí casi en la entrada del pueblo estaba el amigo Antonio García Montilla haciendo fotos, soportando la lluvia, y en el poco trayecto que quedaba para entrar en el pueblo, aunque estaba casi seguro que los iba a pillar, de repente se me volvieron a ir de la vista y ahora sí que fue que ya no les llegué a ver más.
En la rotonda del pueblo donde se pasa hacia el interior estaba el amigo Jose Ruiz, controlando que nadie se pasara este desvío. Me preguntó si quedaban muchos por detrás mía. Y hasta ese momento tampoco me había planteado si iba demasiado atrás o no. Realmente pensaba que detrás venían muchos. Le contesté que no lo sabía, pero esperaba que sí había mucha gente detras.
Luego, atravesando el pueblo había poca gente y había que estar muy pendiente de las balizas que marcaban el camino. Había mucho callejeo y casi todo el camino cuesta abajo, por lo que se podía trotar bastante. Finalmente llegué al punto de avituallamiento, que era el Polideportivo casi a la salida del pueblo. Kilómetro 18,5 y llegaba allí en 2h50m más o menos. En la entrada pude saludar y dar dos besos a Isabel, "La Veterana" que en esta edición no ha estado participando. Le dije en broma que yo también me tenía que haber quedado en casa, y muy graciosa, me empujó para que entrara en el Polideportivo a comer algo, diciendome que anda ya, que me olvidara de eso.

Dentro del Polideportivo, el avituallamiento genial. Aparte del agua y del isotónico pude comer plátano, melón y carne membrillo (que los dos estaban deliciosos). Y cuando salía la noticia que me dejó más preocupado. Justo entraba José Ruiz con una pareja, y me dijo que eran los dos últimos de la carrera. Vaya tela, y yo pensando que venían muchos por detrás.

Saliendo de Castilblanco km 19
Salgo del Polideportivo bastante desmoralizado, aunque las cuentas seguían saliendo para llegar a la Cantina antes de las 6 horas de carrera. En este momento no llovía y parecía que algún claro se abría en las nubes. Así que justo cuando salía del pueblo decidí parar un momento a quitarme el chubasquero y guardarlo en el cinturón. Mientras lo hacía me adelantaron un andarín que iba de amarillo y que estaba en el polideportivo cuando yo salí, y la pareja que llegó cuando yo salía. Justo detrás de ellos ya estaba Jose Ruiz recogiendo las balizas.
Bueno, al menos él no me adelantó, La situación no podía ser peor, sin embargo cuando reemprendí la marcha estaba convencido de que tenía que darle, al menos en lo que pudiera, la vuelta a la situación. La salida del pueblo tiene un pequeño tramo cuesta arriba, pero luego venía un buen tramo hacia abajo que sabía que tenía que aprovechar.

Y así fue. Empecé a trotar y un poco después pude adelantar a la pareja. El andarín de amarillo iba bastante más adelante. Pero al poco de adelantarles, me fijé que ellos también se ponían a trotar, así que prácticamente no me alejaba. El terreno además volvía a encontrarse en bastante mal estado, así que había que parar mucho. En cualquier caso al llegar al camino principal que lleva hasta el pantano el piso mejoró bastante, ya habíamos pasado tanto la pareja como yo al andarín de amarillo. El terreno era un poco irregular con alguna que otra subida aunque corta.

Antes de llegar al pantano, hay una fuerte bajada, y al principio de ella la pareja volvió a pasarme. Durante la bajada tenía que parar en algunos instantes para no reventar las piernas que me estaban molestando. Así que me dieron una buena pasada y los malos augurios volvieron a mi cabeza, Para colmo el cielo se volvía a encapotar y volvía a amenazar fuerte lluvia. Antes de cruzar el pantano hice algunas fotos, y en el puesto de avituallamiento me echaron los de la Cruz Roja en las piernas una buena cantidad de réflex. Aquí estaba justo el km 25, que pasé en 3h50.  Quedaba ahora por delante una subida bastante dura de algo más de dos kilómetros.

Llegando al Pantano de Castilblanco. Km 25
A poco de empezar a subir pude ver al otro lado del río, en la bajada hacia el pantano, que ya venía el de amarillo junto con Jose Ruiz. No estaban demasiado lejos. Intenté bastonear bien en la subida para al menos mantener la distancia con los que tenía delante. A veces lo conseguía y otras no. Pero durante la subida apareció un nuevo actor para la "película". Un corredor de azul que venía andando y que pasamos tanto la pareja como yo.

Aún así mi desesperación iba en crecimiento, empezó de nuevo a llover y volvía a agobiarme el hecho que ni siquiera había llegado aún a mitad de recorrido, y con bastante molestias. En ese momento decidí algo que iba a ser definitivo. Tuve que sacar el movil para conectarle el cargador porque ya empezaba a flojear y pensé en enchufarme la música, que hasta ese momento no me la había puesto. Intenté resguardarlo bien con las bolsas autocierre del mercadona, porque la lluvia comenzó a caer más fuerte y así empecé a escuchar esa buena música que me hizo reaccionar y apartar los pensamientos negativos.

Km 27. Empiezo a ir bastante mejor
Empecé a trotar por más tiempo, y ya las piernas no me molestaban tanto, y así poco a poco atrapé a la pareja y les pasé, y a partir de ese momento ya la diferencia con ellos iba en aumento. Por supuesto las sensaciones cada vez eran mejores y por fin en toda la carrera estaba empezando a disfrutar. Era una resurrección en toda regla. Pasé varias fincas con granjas, cerdos, en alguna de ellas había algún niño animando en la puerta, y poco después ya tenía a la vista el avituallamiento del km 30, en el cruce del camino hacia El Ronquillo. Llegué a tope de moral, porque a lo lejos ya veía dos nuevos corredores, y me empezaba a acercar a ellos. En el avituallamiento rellené el bote y me tomé un gel de los que yo llevaba. Estuve poco tiempo allí y salí rápido para intentar acercarme a ellos lo más posible. En el momento en que se atraviesa la finca de los toros ya los tenía a tiro de piedra; y la diferencia con los de atrás era muy grande.

Pero en la dura bajada tuve que hacer algún que otro descanso porque los cuádriceps podrían fallarme. En los últimos tramos más suaves volví a recuperar un poco para que en el momento de cruzar el contraembalse del Gergal, de nuevo los tenía muy muy cerca. En este punto ya estábamos por el kilómetro 35, y quedaba una dura subida de un kilómetro aproximadamente hasta La Cantina. Bajo la suave lluvia que había estado cayendo todo el tiempo, me encontré muy bien en esta subida y la disfruté al máximo, trotando en algunos breves instantes, de manera que al avituallamiento de La Cantina y punto de corte de la carrera, llegué a la vez que estos dos corredores.
El tiempo en el que llegué aquí fue de 5h35m. 25 minutos antes del momento de cierre de carrera. Aquí quizás estuve más de la cuenta, ya que estaban los amigos Antonio Acebal y Jose Antonio Bellido. Empezamos a comentar si el cierre en meta estaba previsto a las 5 de la tarde o a las 6. Y todos coincidian que era a las 6. Aparte de esto estuve comiendo fruta, me llevé una bolsita de frutos secos que tenían preparada por el camino; y Antonio me dijo si quería un sandwich de miel. Le dije que sí, me lo estuvieron preparando y salí de allí comiendomelo y muy tranquilo porque a las 6 de la tarde daba tiempo de sobras de llegar. Los dos corredores que alcancé habían salido antes y marchaban por delante.

Bajamos hasta el camino de la antigua vía de tren paralela al curso del río. Un lugar precioso, pero estrecho y con algunos charcos que ocupaban toda la anchura del camino, por lo que había que psar los charcos mojándose absolutamente los pies. El agua fría era como cuchillos en ellos. Debajo del dedo gordo del pie derecho me notaba la molestia del inicio de una ampolla. Además todo este camino es bastante pedregoso y estas piedras me estaban causando dolor en las plantas de los pies. Principalmente el tramo hasta el túnel, en el que pude trotar poco.


Seguía lloviendo, pero el paisaje era maravilloso, espectacular. Además de nuevo me volvía a encontrar sólo. No veía a nadie por delante ni por detrás, parecía que era el dueño de todo aquello, que todo era para mí. Tenía ganas de grabar en video, pero para ello tenía que abrir la cámara y cambiarle la batería. Y esto sólo lo podia hacer en el túnel. Así que al entrar en él, me quedé un buen rato dentro, haciendo ese cambio en la cámara. Pensaba que me iban a atrapar los de atrás pero seguían sin venir. Era el kilómetro 38, y al salir de allí empecé a grabar en video el camino.


Camino que se puso algo más sencillo en cuanto a las piedras, pero seguía habiendo muchos charcos. Algo menos de barro. La lluvia arreciaba y el entorno estaba espectacular. Había pasado el kilómetro 40, y ya cerca de la subida hacia el tramo restringido tuve que parar de grabar porque tuve que pasar con cuidado por un lugar que estaba totalmente anegado de agua. Aunque la parte más bonita era la de la subida hacia el restringido. El camino era casi un arroyo de agua bajando. La soledad de donde estaba junto con el ruido del goteo de la lluvia que caía y del agua que bajaba hacia el río; era absolutamente espectacular e inolvidable.



Al final de la subida, justo al llegar al restringido, estaba el siguiente avituallamiento. Un poco más allá del kilómetro 41, y bajo una fuerte lluvia. Menos mal que los voluntarios que estaban allí tenían una carpa. Tiempo justo de llenar bote y volver a preguntar para la hora de cierre, aunque no sabían con certeza a qué hora era.

Ya dentro del tramo restringido un ratillo hablando con Merche por teléfono, que ya me dijo que iban de camino a la meta, y también viendo los ánimos de muchos amigos que me habían puesto en el facebook. Eso hizo que tuviera un buen subidón y ya estuviera seguro de que podía estar en meta antes de las 9 horas.
En este tramo hay continuas subidas y bajadas, al principio había alguna subida más dura de la cuenta. Además hay mucho curveo y se pueden ver muchos metros de distancia dependiendo de como te pille la curva tanto por delante como por detrás. Por delante ya no veía a nadie, y por detrás, en una ocasión pude ver a todos los que venían detras mia. La pareja y los otros dos participantes, el de amarillo y el de azul. Detras de todos de nuevo Jose Ruiz quitando las balizas, incluso nos saludamos desde lejos. Con tanto entretenimiento se habían venido muy cerca, así que de nuevo me forcé a andar más rápido y a trotar.

Km 44. Disfrutando de lo poco que ya quedaba
La lluvia también seguía, aunque de forma más moderada. Llegué al penúltimo avituallamiento, algo más allá del km 45. Ahí si que me dijeron que el cierre era a las 17:15, en 9 horas de carrera. No me resultó extraño, y salí de allí rápido porque aunque me daba tiempo, me iba a quedar bastante justo. Además no quería que me pillaran los de atrás. El tiempo de tomarme el último gel, el que llevaba cafeína, y salir de allí pitando.

Desde aquí hasta el último avituallamiento, en el kilómetro 51 fueron los mejores momentos de la carrera, como en el tramo anterior a La Cantina, disfruté una barbaridad y casi no notaba dolor en las piernas ni cansancio, un auténtico fluir, casi que podía levitar sobre el camino. Y es que los malos momentos que se pasan en estas pruebas se compensan con creces con estas sensaciones. Y gracias a ellas no se pierden las ganas de participar en pruebas de este tipo. Cada vez me sentía mejor y el tiempo de trote era mayor.
Ya me estaba dando cuenta que me acercaba al final del tramo restringido y donde se encontraba el último avitualllamiento, y me daba pena que no hubiese más kilómetros. No tenía a nadie cerca, porque seguía sin ver a nadie por delante ni detrás.

Km 51 a tope. Foto Antonio García Montilla
Al doblar una curva ya vi al fondo el avituallamiento, y un poco antes estaba de nuevo Antonio haciendo fotos a todo el mundo. Muchas gracias de nuevo, por darnos esos pedazos de regalos, de recuerdos, en forma de fotos. Gracias a él me queda una estupenda foto de recuerdo para siempre de un fantástico día. Y lo que más que hay que agradecerle es que se quedase alli esperando que llegara el último participante. Le pregunté cuánto hacía que pasaron los que iban precediendome y me dijo que hacía 3 o 4 minutos. Ya era imposible cogerlos.

En el avituallamiento, no sabían a qué hora cerraban la carrera, pero me puse hasta arriba de carne membrillo, riquísima, y de plátano. Me dieron uno entero para que me fuera comiendo por el camino. Lo único que estuvo bastante gracioso, es que me preguntaron cuanta gente venían detrás. Le digo que cuatro, y me dicen que lo mejor sería que les esperara a todos y fueramos juntos a la meta para no perdrnos. Ni entiendo por qué me dijeron esto, porque el camino estaba muy bien señalizado, en ningún momento eche de menos ninguna señal, y además era bastante fácil de seguir. El caso es que les respondí, que no me iba a quedar allí parado y que mejor les esperaba en la meta. Quería seguir disfrutando de lo poco que me quedaba de carrera, supongo que pensarían que era un estúpido o algo así, pero yo tampoco entiendo cómo me pudieron decir semejante cosa, si me hubiese quedado habría llegado fuera de control.

Quedaban sólo 4 kilómetros, pero el recorrido todavía iba a darme alguna sorpresa. Desde el avituallamiento se baja por un bosque de eucaliptos que lleva a las cercanías de la orilla del pantano. Un lugar precioso, y luego otro bosque espesísimo de pinos. Desde aquí una dura subida hasta el parque periurbano del Gergal. Casi saliendo de él, me encontré con mi amigo Segundo, el Tarahumara del Viar, que venía en mi busca. Una gran alegría verle, después de que el día antes había estado haciendo la Travesía de la Sierra de Grazalema, y allí estaba, aunque algo desentonaba el paraguas. Aunque nada que reprochable, porque seguía lloviendo y la tarde no estaba como para coger un resfriado. Los dos últimos kilómetros los hice con Segundo, de charloteo, comentando tanto lo pasado por mí durante la carrera como su experiencia del día antes en Grazalema. Incluso por el carril bici que lleva ya a Guillena, pudimos saludar a Jose Luis Castro, alma máter de la carrera, que iba en busca de los últimos. Espero que se recupere lo antes posible de sus problemas de salud.

A medio kilómetro de meta
A la entrada a Guillena, nos encontramos con 3 participantes que iban andando, y los pasamos al trote. Enseguida cruzamos la carretera por la que habíamos circulado a la salida, y por el paseo de orilla del río llegamos a la parte trasera del polideportivo, donde estaban Merche y los niños. Muchos abrazos y besos nos dimos allí. Sólo quedaba rodear el pabellón. En ese momento me encontraba pletórico, de animo, de entusiasmo, y no me encontraba casi nada cansado. Yo creo que ha sido quizás la carrera en la que más me ha mejorado el ánimo desde el momento en que me encontré peor. Una diferencia muy grande para bien desde el momento de mitad de carrera a como llegué a meta. Creo que lo que más me hizo cambiar fue la buena música que estuve escuchando.

Llegando a la meta
Ánimos de todo el que me encontré hasta la entrada al pabellón, y por fin llegué al arco de meta. Con los bastones en alto y haciendo reverencias al público allí congregado que era mi familia y Segundo, aparte de todos los que estaban dentro del pabellón.


Al llegar, recibo las felicitaciones de muchos integrantes del Turdetania Team, entre los que estaba el buen amigo Luisma, y Jose Antonio Bellido. Luisma me dio el Turdetanito y la chaquetilla de finisher. Después me llevaron la mochila que había dejado en el guardarropa, que la había olvidado y me creía que era otro regalo. Muy contento, exhultante por todo, pero tambien estaba empapado y me cambié al menos la camiseta antes de pasar a comer. Un plato de macarrones, un poco de ensalada y fruta para recuperar un poco las fuerzas. Mientras comía saludé a Javier Gil, a Chari y a Nando que hicieron una fantástica carrera.

 En definitiva, un estupendo día que unas cuantas horas antes quería borrar, y que luego quería repetir lo antes posible. Y el cuarto Turdetanito, ya conseguido.

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